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La comida y el dolor emocional.

marzo 5, 2024

La comida y el dolor emocional.

Por Carmen Santana

 

Me he encontrado en consulta muchas veces frases como “cuando tengo ansiedad, abro la nevera y como cualquier cosa que pillo, sin pensar en si me va a sentar bien o no”. O, al contrario, “esta temporada que me siento más triste, no estoy apenas comiendo nada”.

Frases como estas nos hacen ver con facilidad la relación que existe entre el hambre y cómo nos sentimos. 

 

Pero… ¿para qué sirve el hambre?

El hambre sirve para indicarnos que nuestro cuerpo necesita nutrientes para seguir funcionando de forma óptima. Es la forma que tiene de decirnos que necesitamos recargar la batería a través de alimentarnos. La sensación de hambre nos hace ir a buscar alimento y, cuando comemos, lo hacemos hasta quedar saciadas. Una vez las pilas se recargan a través de los alimentos adecuados, ya tenemos energía para continuar el día y no necesitaremos volver a comer hasta que las baterías del organismo se estén agotando otra vez. 

Sin embargo, nuestra relación con la comida suele estar alejada de esta perspectiva natural en la que el hambre nos avisa de una necesidad, la satisfacemos, y ésta queda satisfecha hasta que la volvemos a sentir. Solemos quedar desconectadas en uno u otro punto de este ciclo de necesidad, bien sea porque no conectamos con la necesidad de alimentarnos, o porque no somos capaces de darnos cuenta cuando esa necesidad queda satisfecha,  comiendo sin hambre o comiendo hasta que el cuerpo se encuentra mal, sobresaturado, enfermo.

Esta “mala” relación con la comida no es más que un síntoma que nos indica una desconexión de nuestro cuerpo y lo que éste necesita y, además, nos deja ver de alguna forma la manera que tenemos de relacionarnos con el mundo. 

 

 

La comida como bombero del dolor

El cuerpo y la mente se encuentran en una constante relación donde, en ocasiones, síntomas aparentemente físicos tienen una raíz psicológica. Nuestra relación con la comida puede estar relacionada con cómo nos relacionamos con nuestro entorno o con nuestras emociones.

 

¿Sabrías establecer una semejanza en tu forma de relacionarte con la comida y cómo te relacionas con otras personas, contigo o con alguna emoción?

 

Alimentos con los azúcares elevados producen reacción en el circuito cerebral del placer, calmando las sensaciones de angustia de forma rápida. Por ello, podemos desarrollar una parte interna que se despierte en momentos en los que conectamos con el dolor a través de la tristeza, la ansiedad o el estrés, apagando la llama del dolor a través de comer de forma compulsiva. A pesar de que la intención de esta parte no es más que la de librarnos de la experiencia dolorosa, el resultado puede ser pan para hoy y hambre para mañana, ya que tras la ingesta aparecen otras emociones, como la culpa o la rabia, y el dolor inicial no desaparece. 

 

 

La comida es uno de los recursos más utilizados para regularnos cuando no disponemos de una buena cajita de herramientas. 

  • Puede que, por ejemplo, experimentaras que, cuando estabas triste, no había nadie para recogerte, y recurrieras a la comida para que llenara ese vacío que tus figuras de referencia no podían ver.
  • O puede que, en situaciones de estrés en la infancia o adolescencia, como las épocas de exámenes, tus figuras de apoyo supusieran aún más estrés o ansiedad y que la comida fuera el único momento en el que tu sistema nervioso se relajaba por un momento, encontrando calma en la comida.

 

Para que esta parte bombero pueda abandonar su función, es importante que desarrollemos estrategias de regulación alternativas. Algunas personas encuentran esa alternativa en una ducha caliente, un abrazo, un paseo consciente o la escritura automática. Crea tu cajita de herramientas buscando en tu día esos momentos en los que encuentras pequeños momentos de calma de forma natural, sin necesitar recurrir a la comida como manguera que apague el fuego de tus emociones desbordantes. 

 

 

 

Aprendiendo a diferenciar el hambre física del hambre emocional

El primer paso para deshacernos de la comida como bombero de las emociones o sensaciones que percibimos como desbordantes o desagradables es poner conciencia a la naturaleza de mis sensaciones de hambre. Para ello, hay algunas claves a las que puedes poner conciencia para saber si el hambre que estás sintiendo es física o emocional. Te dejo por aquí una tabla de las diferencias:  

 

       Primera columna: Hambre emocional

        Segunda columna: Hambre física 

 

Llega de repente y quiere ser atendida en el mismo momento que aparece Llega gradualmente y puede esperar a ser saciada
Se asocia a antojos específicos, grasosos o dulces Cualquier comida la satisface, sobre todo aquellas más nutritivas, con proteína o grasas saludables
La forma de comer es automática y sin pensar (te comes un paquete entero de galletas o de patatas fritas sin darte cuenta) Te das cuenta de cuánto vas comiendo de forma consciente
Sigues comiendo, aunque estés llena Paras de comer cuando te sientes llena
El hambre es mental y aparece en forma de antojo, te apetecen cosas concretas por su sabor o su textura Sientes el hambre en la tripa, a nivel estomacal, con sensación de vacío o rugir en la tripa
Terminas de comer y sientes emociones como la culpa Terminas de comer y te sientes saciada y contenta, satisfecha.

 

Empezar a poner conciencia a las características del hambre emocional y el hambre física es vital para poder empezar a desarrollar estrategias alternativas. Si puedo darme cuenta de que esta hambre que estoy sintiendo tiene su raíz en la ansiedad que siento en este momento, podré darme algo diferente, para poquito a poco ir instaurando otras maneras de regularme y relacionarme de forma más saludable con mi forma de comer.

Para crear esa cajita de herramientas que entonces cubriste con comida y ayudar a calmar a esa niña que cubre su dolor a través de la comida, no dudes en contar con nosotras:

 

Inicia aquí tu proceso

 

Un fuerte abrazo,