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octubre 23, 2023

La complacencia también se ve en el sexo.

Por Nerea Mateu

 

Si has crecido en un entorno exigente o autoritario en el que se te ha validado poco, es posible que hayas aprendido a centrarte en complacer y agradar a los demás como la única manera de obtener reconocimiento y amor.

En la mayoría de las ocasiones esto no sale de manera consciente, sino que tus acciones pueden ir guiadas por emociones como la culpa, la vergüenza o el miedo.

 

 

Si sientes que tu valor como persona no es por quién eres sino por lo que haces, te sentirás obligada a hacer más y más para complacer a los demás. Si alguien «te elige», te sentirás agradecida y en deuda, por lo que posiblemente dejarás de fijarte en ti y pondrás los cinco sentidos en la otra persona.

Aunque al principio te parezca suficiente y sientas que eso te llena, con el tiempo, el complacer se adentrará en todos los rincones de tus vínculos y hará que te sientas más y más pequeña, hasta que te olvides de tus propias necesidades. 

 

 

¿TAMBIÉN INTENTAMOS COMPLACER EN LA SEXUALIDAD?

Las expectativas culturales y los roles de género han hecho creer a las mujeres que cubrir las necesidades sexuales de la otra persona durante el sexo es lo más importante.

Sin embargo, la sexualidad es mucho más que la conducta sexual en sí. Implica conocer tu cuerpo, descubrir las sensaciones físicas, los pensamientos y emociones que te generan placer, atender tus valores, actitudes y sentimientos, así como aprender los límites que necesitas.

Es posible que durante las relaciones sexuales nunca te hayas podido parar realmente a sentir, que hayas estado más pendiente de cómo se estará viendo tu cuerpo, si olerá de alguna manera o si la otra persona estará disfrutando.

Pero… ¿qué tienen en común todos estos factores?

Que el foco del placer y la satisfacción no estás siendo tú, sino la otra persona.

 

 

Además, ¿cómo vas a disfrutar plenamente de tu sexualidad si no puedes dejar de ser correcta?

«No grites, no pidas lo que necesitas, no pongas límites, finge que te gusta…».  

 

Hoy traigo para ti estas tres ideas que espero que te sirvan a la hora de empezar a enfocarte y mirar por ti:

 

1. ROMPE CON EL LENGUAJE ESTABLECIDO:

A nivel social se habla de “preliminares” como una fase de preparación a “lo importante”: la penetración.

Utilizar este lenguaje coitocentrista,  limita a centrar la atención en esa fase, pero ¿te has planteado que puedes sentir mayor placer y excitación en otros momentos?

Esta búsqueda final del placer y el orgasmo en la penetración te limita a cumplir con «lo esperado», quitando el foco a tus deseos y necesidades. Por ello, es importante recordar que las relaciones sexuales no son simplemente la penetración.

La sexualidad implica descubrir tu foco de deseo, excitación y placer para decidir cómo cubrir tus necesidades. Si nunca te has parado a pensar en todo esto ni has recibido una educación sexual adecuada posiblemente caigas más fácilmente en la complacencia, en invisibilizarte a ti para atender a la otra persona según “lo que se espera de ti”. 

 

 

 

 

2. ¿TE PERMITES DISFRUTAR?

¿Alguna vez has parado a observarte? ¿A mirar tus genitales? ¿Sabes en qué partes sientes más placer o qué te excita más?

Te animo a que cojas un espejo y lo hagas, ¡puede que te sorprendas!

Es posible que rechaces tu cuerpo y en especial tus genitales por los mensajes que has recibido a lo largo de la vida:  «no te toques, eso no se hace, qué asco, eso es pecado…».

Pero no puedes conocer tu sexualidad si nunca te has explorado. ¿Sabrías cocinar a tu gusto una receta muy elaborada sin intentarla varias veces?

Para llegar a sentir deseo, excitación y placer es necesario primero poder conectar con otra sensación: la calma.

Si tu sistema nervioso está en alerta o hiperactivado, será muy difícil que puedas sentirte. Para disfrutar, primero necesitas conectar con tus sensaciones corporales, por lo que si estás centrada en cosas externas de tu rutina, en problemas familiares o en si lo estarás haciendo bien, difícilmente lo harás.

Si has aprendido a no parar nunca y además a lo largo de tu vida se ha castigado la búsqueda de placer en general, es posible que internamente ahora no te lo permitas. 

Te animo a que busques un momento en el que te puedas relajar, te tumbes en un sitio cómodo para ti y empieces a acariciar tu piel. No busques excitarte sino simplemente conectar contigo misma. Acaríciate por los brazos, las piernas, el cuello y por todas aquellas partes del cuerpo que te apetezca.

  • ¿Qué notas?
  • ¿Has descubierto algún punto o sensación que no conocías?
  • ¿Puedes conectar previamente con esta sensación de calma?

 

Si no puedes conectar con la calma o no puedes sentirte bien con las diferentes partes de tu cuerpo, no te preocupes. Es lógico que te resulte complicado si nunca has parado a prestarte atención. Saberlo es un gran paso.

 

 

 

3. PON LÍMITES:

¿Alguna vez «te has abandonado» a la otra persona por cerrar un conflicto? ¿Has aceptado mantener relaciones sexuales por dejar de sentir culpa o porque no veías otra salida a esa situación?

 

¡Cuántas mujeres vienen a consulta explicándonos que mantienen relaciones sexuales por cumplir con sus parejas, para reconciliarse, para no perder al otro… !

¿Dónde queda su disfrute?

 

Es importante que entiendas que no existe una forma correcta de mantener relaciones sexuales.

  • No existe un número adecuado de relaciones sexuales al mes, a la semana ni al día.
  • No existe una orientación sexual adecuada.
  • No existe un número adecuado de parejas sexuales.
  • No existe un momento adecuado.
  • No existen muchas cosas que te han hecho pensar que deben ser así. 

 

Existe es la necesidad de mantener relaciones sexuales solo si tienes ganas.  

Existe la necesidad de que sea consensuado.

Existe el derecho a decir que NO te apetece

Existe la necesidad de que la otra persona te tenga en cuenta.

Existe la necesidad de que, si has empezado y algo no va bien, la otra persona pare y te pregunte.

Existe la necesidad de que te conozcas.

Existe la necesidad de que te sientas a gusto.

Existe la necesidad de que valores tu cuerpo.

Existe la necesidad de que lo hagas sin culpa, vergüenza o miedo.

Existe la necesidad de que te priorices. 

 

¿Te gustaría iniciar este viaje de nuestra mano?

Estaremos encantadas de acompañarte.

 

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