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noviembre 12, 2023

Guía para entender tu mundo interior,

con Nuria Remacha

 

Quizá en alguna ocasión te hayas encontrado sintiéndote muy mal y hayas mirado hacia otro lado, deseando que ese malestar desaparezca.

Quizá te hayas sentido tan desbordada por una emoción que has notado que perdías el control.

Quizá has aprendido que tener emociones es malo, inapropiado o inútil y procuras no sentir o ignoras lo que sientes. 

Seguramente muchas de nosotras hemos tenido estas experiencias, ya que en la cultura en la que vivimos, las emociones, especialmente las que son más desagradables, son vistas como algo molesto que hay que evitar o controlar.

Sin embargo, esta mirada nos deja desprovistas de una herramienta maravillosa que nos ayuda a entendernos a nosotras y a los demás y que nos ayuda a movernos por el mundo de una manera saludable.

 

 

¿QUÉ EMOCIONES HAY?

Hay 6 emociones que se consideran básicas en todas las culturas, y son el miedo, la tristeza, la ira, la alegría, la sorpresa y el asco. Todas las demás emociones que puedes experimentar serían derivadas de estas.

En este articulo, además, vamos a hablar de dos emociones que aparecen mucho en terapia: la vergüenza y la culpa.

 

¿PARA QUÉ SENTIMOS?

En principio, cada emoción tiene una función que sirve a la supervivencia.

Es decir, cada emoción nos ofrece información valiosa para acercarnos a lo que es saludable para nosotras, y alejarnos de lo que puede ser peligroso o dañino.

Decimos «en principio» porque, como veremos más adelante, la forma en la que hemos aprendido a sentir, en ocasiones condiciona las emociones que aparecen en según qué situaciones. Esto hace que el proceso de escuchar nuestras emociones y descifrar lo que nos quieren decir se complique un poquito.

 

Las emociones nos aportan información muy valiosa para nuestro bienestar. Por ejemplo, si me ofrecen dos planes posibles para este fin de semana y atiendo a la emoción que me genera cada uno de ellos, tendré información valiosa para tomar esta decisión.

 

La emoción es a la vez la guía y motor que nos orienta en el mundo.

  • Guía porque al conectar con ella nos damos cuenta de cuáles son nuestras necesidades y de hacia dónde me tendría que dirigir para cubrirlas.
  • El motor porque la emoción nos carga de la energía necesaria para realizar estas acciones que me llevarían hacia donde necesito ir.

 

Cuando las emociones nos indican esto de forma fiable, decimos que son emociones primarias «saludables» o «adaptativas». En estos casos, aparece una emoción y, si somos capaces de identificarla y atenderla, nos indica el camino a seguir. Una vez cumple su función, deja de estar.

 

 

Pero… ¿QUÉ FUNCIÓN TIENE CADA EMOCIÓN?

 

MIEDO

El miedo como emoción primaria saludable tiene la función de protegernos frente a una amenaza. Nos activa, preparándonos para afrontar el peligro mediante la lucha o evitarlo mediante la huida.

 

ENFADO O IRA

El enfado, agresividad, ira… es esa emoción que nos ayuda a defendernos. Nos indica que nuestros límites no están siendo respetados y nos activa para marcarlos o reafirmarlos.

 

TRISTEZA

La tristeza aparece ante la pérdida. Nos ayuda a procesarla, a integrarla y a elaborar el duelo. Por otro lado, nos coloca en un estado que facilita acudir a otros para buscar su consuelo.

 

SORPRESA

Aparece ante algo nuevo e inesperado. Nos invita a explorar para comprenderlo.

 

ALEGRÍA 

La alegría nos indica que algo es agradable para nosotras. Nos activa para acercarnos a lo que es significativo para nosotras, nos permite disfrutar lo que logramos, nos ayuda a conectar con otros.

 

ASCO

Sentimos asco cuando algo (un comportamiento de una persona, una situación) no nos sienta bien o cuando hemos «tragado» demasiado de eso.

 

CULPA

La culpa, cuando es primaria y saludable, aparece para invitarnos a reparar un daño causado a otra persona.

 

VERGÜENZA

La vergüenza primaria saludable nos indica lo que es aceptable e inaceptable en un grupo social, para favorecer nuestra pertenencia a él.

 

 

¿Qué pasa CUANDO APARECE UNA EMOCIÓN QUE NO ES «CONGRUENTE» CON LA SITUACIÓN?

 

1. HERIDAS DEL PASADO:

Como decíamos antes, a veces las emociones no las vivimos de esta manera.

  • A veces nos quedamos atrapadas en una emoción, viviéndola con una intensidad desproporcionada a la situación, o experimentamos emociones que no nos ayudan ni nos orientan claramente hacia una necesidad saludable.
  • A veces experimentamos fuertes sentimientos de abandono si nos parece que nuestra pareja o  amigos no cuentan con nosotros,
  • En otras ocasiones puede que sintamos una gran vergüenza de no ser lo suficientemente buenas si alguien nos hace una crítica
  • O nos enfadamos de forma irracionalmente intensa cuando alguien nos interrumpe al hablar.

 

En estas ocasiones, lo que se está activando es una emoción fruto de un aprendizaje previo. Estamos conectando con algo que dispara una emoción que es una vieja conocida, asociada a momentos anteriores en los que nos hemos sentido de una manera similar. Se está activando una herida emocional.

 

En estos casos, atender estas emociones no nos desvela tanto acerca de qué hacer  para resolver la situación en el presente. Sin embargo, nos desvela mucho acerca de asuntos emocionales sin resolver que necesitan nuestra atención.

 

 

2. TAPAR LO QUE SIENTO REALMENTE:

En otras ocasiones, experimentamos emociones que ocultan lo que sentimos realmente. Es como si, para no notar o mostrar que me estoy sintiendo de cierta manera, porque es algo que no se me ha permitido, porque me deja con una sensación de vulnerabilidad que no puedo sostener o por otro motivo, apareciera una emoción diferente por encima.

Aquí, la función de la emoción que sentimos es no conectar con otra emoción con la cual me es difícil conectar y a este tipo de emociones las llamamos emociones secundarias. 

 

  • Por ejemplo, si desde pequeño no se te ha permitido mostrar vulnerabilidad, pero sí fuerza, es posible que en lugar de tristeza, experimentes enfado (este es un aprendizaje común en hombres).

 

  • Si, al revés, no se te ha permitido mostrarte fuerte y firme, pero sí vulnerable, es posible que cuando estás enfadada, experimentes tristeza (este es un aprendizaje más común en mujeres).

 

 

 

Entonces, si a veces puedo fiarme de mis emociones y a veces no… ¿qué sentido tiene escucharlas?, ¿de qué forma pueden ayudarme? 

 

Es cierto que, si no hemos aprendido a escucharnos, empezar a hacerlo puede resultar confuso.

Sin embargo, a medida que vamos conociéndonos y entendiéndonos, vamos volviéndonos más hábiles a la hora de identificar el tipo de emoción que estamos notando y así vamos pudiendo relacionarnos y cuidarnos de una forma más saludable, respetuosa y compasiva con nosotras y con los demás. 

 

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