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Empieza a preguntarte para qué

enero 3, 2023

 

Érase una vez, un plato de verduras.

(¡Si ya leíste el cuento en Instagram, puedes saltar la letra cursiva y bajar un poquito más para profundizar en el tema!)

👩🏻 “¡¡¡Cometé las verduritas o mamá se va a enfadar!!!”

Puesto que Clara no quería que mamá se enfadara, se comió las verduritas 🥕🥒🥦.

Al principio, necesitó esa condición. Poco a poco, fue integrando que la verdura era buena para su salud. 

Clara empezó a comer verduritas. No para evitar el enfado de mamá, sino para sí misma, para su bienestar.

¿Sabes…? Si de adulta te sigues comiendo las verduritas para que mamá no se enfade, la cosa puede ser un poco más problemática.

¡Entiéndeme 😜! Ahora mismo no hablo de verduritas…

-Si constantemente vas a cenar con amigos para que no se alejen.

-Si constantemente cedes al mundo para que no te abandonen.

-Dejas de darte voz para que no te juzguen.

-Te ves forzada a hacer o dejar de hacer para que no te rechacen.

-Si constantemente dices que sí para no decepcionar.

-A tener o ser para que te acepten.

A seguir el camino de otros para que te validen…

¡Ojo! Porque te estas portando como esa niña que se come la verdura, no por lo bien que le sienta, sino PARA QUE mamá no se enfade.

En este comienzo de año, te animo a preguntarte: “¿PARA QUÉ estoy tomando esta decisión?”

Toma consciencia de si te estás “comiendo” ese plato porque te sienta bien, o si es:

-para que mamá no se decepcione, para que mamá te quiera, para que mamá no te deje sola,para que mamá te mire con orgullo, para que mamá no te abandone, para que mamá te acepte…

Por supuesto, ya sabes que puedes sustituir el nombre de mamá por Pablo, Marta, tu Jef@, Pedro, Papa o Juan (…) 

 

 

¿Cuantas verduritas te estas comiendo al día PARA los demás?

 

Cuando éramos niñ@s seguíamos las reglas -más o menos- de nuestros cuidadores. No por el beneficio de éstas, sino porque es lo que decía mamá y papá.

Si te decían que te limpiaras los dientes, no te los limpiabas para mantener tu boca saludable y notar la satisfacción de una boca limpia antes de ir a dormir, sino porque mamá o papá te explicaban que eso es lo que tocaba hacer antes de ir a la cama.

Poco a poco, fuiste descubriendo que aquello era beneficioso para tu salud, así que lo integraste en tu rutina (espero). Exactamente igual que en el ejemplo del cuento anterior sobre las verduritas.

 

Como críos y crias que éramos, aprendimos a «hacer caso» a las reglas de nuestros cuidadores para obtener aceptación, aprobación o bien, evitar la consecuencia aversiva que suponía «no hacer caso».

Seguíamos reglas por las consecuencias de éstas en nuestros cuidadores y no porque cepillarnos los dientes nos dejara la boca fresca; comer verduritas cuidara nuestra salud y ponernos el abrigo nos ahorrara un -tremendo- resfriado.

Según fuiste creciendo, viste que todo eso era bueno para ti y ya no lo hacías por las consecuencias hacia tus progenitores, sino porque empezaste a experimentar los beneficios en tu propia piel. Viste que lavarte la boca, comer verdura y abrigarte cuando hacía frío, te hacía bien.

 

Si en tu «menú» de vida adulta te comes alguna que otra verdura para los demás, no te espantes. Pero, si tu tónica general es moverte para obtener aceptación, aprobación o evitar las consecuencias aversivas que supone no seguir «la regla» de las personas que te rodean, quizá toca revisar algo.

Si te reconoces recorriendo constantemente esos caminos, es posible que la gasolina que te mueva sea el miedo. Puede que sea un miedo real o un miedo inconsciente que surge para «prevenirte» de cuando –en su día– esa consecuencia sí que fue o se sintió real.

 

 

A la hora de tomar un camino está muy bien tomar consciencia de PARA QUÉ me estoy moviendo hacia allí.

 

 

Hay personas que trazan su vida a través del miedo sin darse cuenta de ello. Pensando que las elecciones son conscientes hasta que se encuentran perdidas y sin rumbo en su propia vida. Todo ello resultado de haber seguido constantemente PARA QUÉs enfocados en complacer o evitar la consecuencia de no hacerlo.

(Ojo, porque también hay quien se ha movido por el extremo absolutamente contrario como una forma de rebelarse. Y eso, está activado exactamente por el mismo «para qué»: los demás.)

 

Moverse para complacer/descomplacer/evitar las consecuencias de la no complacencia, es como caminar sin rumbo alguno, guiada por personas que escogen diferentes destinaciones para ti.

Acabarás cansada, perdida y sin motivación.

Antes te he comentado que la gasolina que te mueve cuando te diriges por esos caminos, esta formada por un miedo real o un miedo inconsciente que surge para «protegerte».

Esos miedos están fabricados en las historias de cada una y en los vínculos- mayoritariamente- primarios. Donde una pudo sentir que ciertas decisiones, acciones, palabras, creaban grandes rupturas o mini fracturas en el lazo que las vinculaba con figuras importantes. Eso, para una criatura es peligroso. Así que condicionada por ese aprendizaje constante que se queda encerrado debajo de la piel, aprendió a moldearse a sí misma en los vínculos.

 

Un fuerte abrazo,

Mireia

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