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Te idealizo para protegerte de mí

febrero 26, 2023

 

Érase una vez, una manzana. (¡Si ya leíste el cuento en Instagram, puedes saltar la letra cursiva y bajar un poquito más para profundizar en el tema!)

A Aria 👱🏻‍♀️le encantaban las manzanas.

Aquella mañana, cogió una de la cesta de fruta.

Cuando empezó a comer, se encontró con una parte más oscura que le dio asco.

Aria no podía ver aquella parte de la manzana porque si no, no se la comería. Así que cortó aquella zona y continuó comiéndose la fruta  impecable. Sin imperfecciones.

Así hacía siempre con “las imperfecciones de los alimentos”. Era su manera de aceptar la fruta para “poder comerla”: cortar la parte que le generaba rechazo.

Está claro: con un cuchillo, siempre podrás permitirte quitar esas cosas que no te “comerías”.

En las relaciones significativas (mamá, papá…), “esas cosas” que no quieres ver porque supondrían una ruptura en el vínculo, también se pueden cortar para que deje de generar malestar, angustia.

Para que la manzana siga siendo roja, brillante y comestible🍎

Esos moretones los cortas con el cuchillo de la idealización porque, muy en el fondo, te da miedo dar rienda suelta a esa emociones que saldrían si empezaras a ver a esa persona “de verdad”.

Idealizar te permite seguir tapando las heridas que te quedaron marcadas. Y proteger al otro de toda esa rabia, tristeza e impotencia que sientes dentro de ti.

De aquello que no te dio, aquello que te hizo sentir. De esos momentos en los que no estuvo, todas aquellas cosas que hizo o que dejó de hacer: todos esos moretones que te hacen arrugar la nariz al ver la manzana 🙎🏼‍♀️

 

Idealizar es maquillar una cara por miedo a ver la piel.

 

  En la infancia, somos prácticamente incapaces de ver características no agradables de nuestros cuidadores.

Es lógico idealizar a nuestras primeras figuras de apego, bañándolas de un oro que las hace grandes, bonitas, brillantes y perfectas. Un filtro sobre los ojos que nos permite vincularnos, mantenernos y seguir con esas personas de las que dependemos.

En la etapa de la adolescencia, en un desarrollo adaptativo familiar saludable, comenzamos a quitar capas de oro a esos padres que antes idealizábamos. Crecemos y, poco a poco, nos permitimos ir viendo a esos cuidadores más humanos, con sus cosas bonitas y con esas que no lo son tanto.

El problema llega cuando, como adult@, somos incapaces de ver esa parte no tan agradable de nuestros cuidadores (o uno de ellos): maquillándolos en exceso -de forma inconsciente- para no ver su piel.

Cuando una persona adulta no es capaz de ver la piel de sus primeras figuras de apego, es porque se está protegiendo de todas esas emociones que le generaría verla de verdad. Bajo la idealización, hay mucha rabia hacia un progenitor que no supo estar, ver, dar protección, voz y espacio al niño o niña que fuiste.

A través de la idealización, esa criatura se pudo permitir inhibir toda la rabia para poder seguir vinculándose: obviando las heridas y poniendo foco en los colores claros del cuadro. Unos colores que mostraban al progenitor merecedor de todo su amor, dedicación, admiración y cuidado.  

 

En la idealización, hay un gran miedo a ver de verdad a mamá y/o papá.

 

Un@ tapa bajo todo el maquillaje esa parte que haría que saliera toda la rabia, frustración, tristeza… de situaciones repetidas en las que se generaron heridas profundas.

Encontraremos idealización en personas adultas que fueron niñ@s:

  • A los que les hizo ocupar un rol de adulto que no les tocaba (parentificación).
  • A los que utilizaron como muleta emocional del adulto.
  • A los que se trianguló -en contra del otro progenitor- en una familia en la que había constante conflicto.
  • A los que se crió en familias en las que hubo violencia.
  • A los que se les crió en un núcleo familiar en el que las figuras parentales ocupaba un rol desequilibrado con una figura «débil, incapaz» y una «fuerte, poderosa»
  • Niñ@s con progenitores con una tendencia perfeccionista y narcisista.
  • Familias en las que hubo un progenitor ausente (…)

 

La criatura a la que le toca mantener, cuidar, hacerse cargo física y/o emocionalmente de sus adultos, necesitará protegerlos con el dulce filtro de la idealización para poder salvar un vínculo amargo que se siente inestable y vulnerable. Un vínculo en el que el niño o niña está cargando con una gran responsabilidad que no le toca o silenciando un dolor que no puede cargar a menos que no invisibilice.

 

Ahora, como adult@, quizá te sigues encontrando en el mismo rol en el que te situaste entonces.

  • Siendo fiel defensora de esa figura parental.
  • Justificando diferentes situaciones que te hacen daño.
  • Guardando tu enfado hacia esa figura (o culparte tras expresarlo)
  • Invalidando tus emociones ante situaciones abusivas e injustas.
  • Necesitando pedir permiso a esa persona para tomar decisiones y vivir tu vida.
  • Dejando tus necesidades de lado a favor de las suyas.
  • Encargándote de sus emociones.
  • No pudiendo poner límites saludables.

Todo, para seguir protegiendo el vínculo.  

 

Ese filtro que colocaste entonces, necesita ir saliendo poco a poco para sanar la herida.

 

  Las heridas de esa niña o niño que fuiste siguen encerradas bajo tu piel necesitando ser expresadas.

Esas heridas, podrán ser lloradas y cicatrizadas cuando se pueda sacar de encima ese filtro-esa tirita- que entonces se colocó y que aún sigue guardando tu dolor. Tu rabia. Tu impotencia. Una tirita que, según vaya saliendo, irá permitiendo expresar emociones encerradas que te permitan poner límites firmes, encargarte de tus necesidades, velar por ti y coger el volante de tu vida.

 

Nosotras, como siempre, encantadas de acompañarte en el proceso.

Inicia aquí tu proceso

 

Un fuerte abrazo,  

Mireia