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Vincularte al 50% te mantiene protegida

octubre 2, 2022

Nina tenía una herida en la palma de sus manos. Así que siempre la llevaba cubierta.

Fuera la estación que fuera, siempre llevaba guantes.

Pese a que podía oler, respirar y ver la hierba, nunca había sentido su suavidad.

Pese a que podía notar en sus mejillas el frío de la montaña, nunca había sentido la textura de la nieve.

En sus relaciones pasaba lo mismo. Daba la mano, pero siempre había de por medio ese guante.

Pese a que experimentaba la vida, sentía que no acababa de sentirla. Porque, sentirla, implicaba quitarse los guantes. 

Quitarse los guantes, implicaba dejar expuesta su herida. 

Así que, Nina prefería protegerla y saborear el 50% de su día a día. 

 

 
La herida de la que vengo a hablarte hoy, está por debajo de la herida del rechazo, abandono, humillación…  
Es la falta de resonancia, el sentirse profundamente solo o sola. 
 

 

A lo largo de nuestra vida, pueden haber etapas en las que una sienta más acentuado el sentimiento de soledad porque faltan vínculos, o bien, aquello que antes te llenaba o satisfacía ya no lo hace. 

Otras veces, esa soledad lleva mucho tiempo dentro. Una soledad que siempre ha estado de compañera de viaje. Una soledad que se va tapando pero que siempre vuelve. 

Una sensación somática grabada en las entrañas que, emocional y cunductualmente se ve como:

    • Miedo a crear vínculos íntimos o profundos en los que me arriesgue a que toquen mi vulnerabilidad.
    • Miedo a mostrarme y que me vean.
    • Crear relaciones superficiales en las que nunca me acabo sintiendo cómoda para abrirme.
    • Estar constantemente enzarzada en relaciones que están predestinadas al fracaso como relación.
    • Relacionarme con perfiles en los que el vínculo no va a permitirme entregarme. 

 

Esa evitación a relacionarme de forma profunda por miedo a que puedan abandonarme, rechazarme, humillarme… hace que, inconscientemente, me proteja del resto de ser humanos. Vínculos que pueden hacerme daño como antaño, me hicieron otros. 

 

 

Protejo esa herida profunda con guantes que me permiten que me toquen un poco, pero no lo suficiente como para llegar a esa herida que aún está abierta. Una herida en la que sigue grabada esa sensación somática de “profunda soledad”. 

Protegiendo esa herida, sigue un niño o niña que se sintió profundamente solo en relación a sus figuras de apego y que ha creado sus propios guantes para evitar que esa sensación tan dolorosa vuelva a sentirse. 

Siempre te digo que, no hace falta ser superviviente a una guerra para hablar de herida (trauma). Cuando un ser inmaduro sintió profunda soledad por conductas repetitivas de sus cuidadores en los que no supieron verlo, protegerlo, resonar ante sus necesidades… ahí, empieza a crearse esa brecha de que el otro ser humano, no va a estar por mi porque no soy suficientemente importante y valioso. 

 

 

 

Al protegernos con guantes la herida, también impedimos que sane. 

 

 

    • Para evitar que la toquen, llevo a cabo e forma inconsciente mil estrategias que impiden que esa persona se acerque «tanto». Y, a la larga, eso crea relaciones superficiales, poco íntimas en las que siento que estoy sola, que nadie resuena conmigo.

    • Para evitar que la toquen, me relaciono de forma inconsciente con parejas que no desean vinculación profunda y, cuando todo acaba, me explico que «otra vez pasa lo mismo, hay algo malo en mí…/no soy suficientemente valiosa para que se queden…»
 
 

Tu misma te diriges una y otra vez por la misma carretera, sorprendiéndote de los resultados de no cambiar ese camino inconsciente que sigues recorriendo.

 

 

Sí, un pez que se muerde la cola.

Y… ¿cómo se sale de ese bucle?

Los bucles se rompen cortándolos, haciendo movimientos diferentes.

En los bucles siempre hay implicadas heridas profundas que nos hacen caminar de forma automática para evitar ese dolor que hay en el centro.

Por ello, es importante profundizar de forma somática, cognitiva y emocional en tu historia; para poder acompañarte de forma integral a deshacer ese nudo, a darle a la niña lo que necesitó y a la adulta, acompañarla a crear las relaciones profundas que merece y necesita. 

 

Si lo de «relaciones profundas» te ha generado rechazo o anhelo al leerlo… quizá esta es la señal para iniciar tu proceso hacia dentro.

 

Estaremos encantadas de recibirte,

 

Inicia aquí tu proceso

 

Un fuerte abrazo,

 

Mireia